dilluns, 14 de gener de 2013

'El falo enamorado' de Silvia Fendrik. 
Una revisión de los mitos  y leyendas sobre la sexualidad masculina.






 Después de haber escrito valiosos libros sobre el psicoanálisis de niños y sus protagonistas, desde Anna Freud y Melanie Klein hasta Arminda Aberastury y Telma Reca, y luego de haber escudriñado profundamente en la anorexia y la bulimia, Silvia Fendrik se anima a internarse en un tema tan apasionante como poco frecuentado, la sexualidad del varón, del hombre, no menos enigmática que la de la mujer, mucho más estudiada.

Fendrik fija su mirada en personajes arquetípicos, Hamlet, Don Juan, Casanova y Fausto, que encarnan un fértil campo de estudio y de reflexión. Todos ellos, sin duda, son el hombre frente (o junto) a la mujer; pero muy distintos entre sí, tal como los entiende esta mujer cuestionadora e inquietante que es Silvia Fendrik.

La relfexión de Silvia Fendrik culmina con un bello ensayo sobre Antígona, y es así una mujer la que cierra este estudio sobre la sexualidad del hombre. Fendrik comienza con un dato inesperado, poco conocido: Sófocles escribió Antígona veinte años antes que Edipo Rey y treinta antes que Edipo en Colono, que es la tragedia póstuma de Sófocles...
Del prólogo de Horacio Etchegoyen

diumenge, 13 de gener de 2013

'Barcelona: passatges de traducció', de Núria d´Asprer.
Algunos pasajes y otras meditaciones urbanas



La metáfora del viaje probablemente es la más antigua de la humanidad. Los humanos nunca hemos vivido amarrados a un espacio, como lo hacen los pólipos, las esponjas o las ostras. Somos una especie que desde el origen se ha desplazado para encontrar lugares donde el equilibrio con la vida fuera posible. En este transitar tendemos a repetir los itinerarios que consideramos más idóneos. Por eso hacemos caminos entre los lugares por donde pasamos. De aquí que la misma vida pueda ser entendida como un viaje, como un tránsito hacia un final nebuloso. Vivir es pasar y morir es traspasar: "todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar", sentenció el maestro Machado.

En nuestro devenir, los pueblos viajamos en compañía de nuestras lenguas y damos nombres a los sitios por donde pasamos, nombres que se diversifican en las culturas urbanas: caminos, carreteras, vías, calles, plazas, avenidas, bulevares, calllejones, pasajes... El término pasaje es especialmente interesante. Para la autora de Barcelona: passatges de traducció, el pasaje es una vía intermedia que permite articular "un recorrido y una meditación sobre la travesía que es la traducción". Hete aquí la piedra angular de este libro breve, pero intenso y complejo: una reflexión sobre la traducción de las lenguas (Núria d'Asprer enseña en la Facultat de Traducció i Interpretació de la Universitat Autònoma de Barcelona) pero también de las ciudades y de la misma vida, un pósito de memoria que sedimenta en los lugares por donde pasamos. Para traducir se necesitan pasajes más que puentes, una forma de unión llana y directa.

Por otro lado en la ciudad de Barcelona existe una tipología y una estética de los pasajes, desde el Passatge Arcàdia, un "mordisco en una manzana de casas", una mezcla de calleja y galería, hasta el Passatge de la Indústria, de clara vocación comercial, o los pasajes a cielo abierto, como el Passatge Permanyer. La configuración y la designación de estos lugares, "fronteras del lugar y el no-lugar", permiten a la autora abrir canales de comunicación entre la historia, la antropología, la traductología, la literatura, la fotografía (Núria d´Asprer fotografía los lugares "para traducir la ciudad al amigo que no la conoce") y la biografía personal que se expresa en cursiva o, en la segunda parte del libro, en lengua castellana, porque la intimidad de muchas biografías es lingüísticamente bicéfala, y este hecho básico ha de ser puesto en evidencia en una traducción que persigue la autenticidad y rehuye  la traición, mal endémico de los traductores mediocres.

Cualquiera de los pasajes del libro (en otra acepción de la palabra pasaje, ahora con el sentido de fragmento de una composición literaria o musical al que vale la pena retornar porque ofrece alguna particularidad notable) es un regalo de sensibilidad, que unida a la capacidad de observación, documentación y relación personal de la autora, produce en el lector el deseo de traducir el recorrido de los pasajes de Núria d´Asprer a la propia vida: buscar un correlato de lugares y de vivencias, revisitar la memoria que se ha depositado en los caminos personales. Y así se cierra el círculo: al actualizar cada uno los lugares por donde ha pasado.

Del prólogo de Eduard Sanahuja


La otra cara de la adopción


'La otra cara de la adopción', de Carme Vilaginés.
Aspectos emocionales de los que no se habla



El libro se propone elucidar aquello que es poco conocido o que se transparenta tan sólo en la actitud consciente de la pareja que ha decidido adoptar un niño. ¿Cómo se llega a esta decisión? ¿Cómo se ha digerido el duelo por el niño que no se ha podido tener por tantas razones —infertilidad o esterilidad de uno u otro de los cónyuges, miedo al embarazo, afán caritativo hacia la infancia abandonada?

 Si las motivaciones para la adopción responden a una asimilación madura y coherente de las dificultades para engendrar de manera natural, el proceso de selección de la pareja adoptiva no ofrece demasiadas dificultades, excepto las que pueden derivarse de un niño adoptado más o menos traumatizado por el abandono de que ha sido víctima y por los trastornos genéticos potenciales que pueda vehicular. Pero esta pareja madura será capaz de asumir estas dificultades y dejarse guiar ante las dificultades que el niño adoptado pueda presentar.

El malestar surge, en cambio, en aquellas parejas que han llegado a la decisión y al anhelo ferviente de adopción como una salida precipitada a la gran frustración de no conseguir tener descendencia por las vías naturales o por la reproducción asistida. Cuando no hay capacidad para asumir esta gran contrariedad y decepción, la salida precipitada es confiar que la adopción pueda remediar el problema e, incluso, que pueda anular la misma experiencia del problema. Ahora la adopción como un recurso supremo serviría para eclipsar rápidamente aquel proceso de desilusión o de conflicto que la pareja negaría con tenacidad.

La autora quiere señalarnos que, en un número considerable de casos, esta problemática negada —la otra cara de la adopción— es responsable de las serias dificultades que surgirán cuando la adopción se ha realizado con estas premisas, las cuales agravarán las situaciones delicadas, a menudo ansiógenas, que cualquier adopción conlleva, incluso la que se da en las mejores condiciones por parte de la pareja adoptiva y por parte de la criatura adoptada.

Para informarnos de los acontecimientos que todo proceso de adopción implica, Carme Vilaginés nos hace seguir, con su sensibilidad maternal, con su intuición y técnica psicoanalítica y con una abundante casuística de una dedicación de muchos años, las vicisitudes con que adoptantes y adoptados pueden encontrarse desde el inicio e, incluso, desde antes de su encuentro. Dejando de lado los casos de adopción de aquellas parejas o familias que, aun contando con un cierto número de hijos, sienten la necesidad de aumentarlos o se deciden a hacerlo por razones humanitarias, la mayor parte de las veces se trata, como hemos dicho ya, de personas que han sufrido la contrariedad de no poder tener un hijo deseado, a pesar de las gestiones adecuadas que puede ofrecerles hoy en día la ginecología.

La autora nos hace sentir, o nos dice bien explícitamente, que adoptantes y adoptados se encuentran en una situación, en ciertos aspectos, paralela. El niño ha sido objeto de abandono por parte de los padres naturales y, por otra parte, la pareja adoptante también se ha sentido desvalida por la confirmación de su incapacidad genésica. Adoptantes y adoptados se encuentran en una situación de duelo: si el niño ha sufrido la pérdida siempre traumática de los padres, los adoptantes han sufrido, con más o menos trastorno emocional, la pérdida de su ilusión por engendrar.

Todo el libro se esfuerza en ilustrarnos de los errores que pueden producirse en el camino de superación de las carencias iniciales de adoptantes y adoptado. ¿Cómo puede llegarse a amar la realidad del hijo adoptado, con toda su carga traumática, con el resentimiento residual que conllevan las frustraciones precoces tan dramáticas, las heridas, de tan difícil cicatrización, que le han sido infligidas al niño abandonado? ¿Y cómo puede irse aceptando y amando la realidad de este hijo tan diferente a aquel de la fantasía desiderativa?  Todo depende del grado de madurez de la pareja adoptante, pero la autora nos dice que por muy integrados que estén, hay que instruirles y, si es necesario, hay que acompañarles en la problemática que toda adopción puede suscitar en las relaciones con el niño y el adolescente.

 Entender la problemática del adoptado es comprender, entre otras cosas, su necesidad de búsqueda del propio origen, la incógnita de esos padres desaparecidos o que le han rechazado, entender el resentimiento, la indefensión o los paradójicos sentimientos de culpa que puedan generarse. Y entender también la necesidad de descubrir la realidad concreta de estos padres que puede aparecer en la fantasía con tan diversas facciones.

Del epílogo del Dr. Pere Folch Mateu.